Alejandro Bustillo nació en Buenos Aires en 1889, en el seno de una familia aristocrática, de nivel social alto y de largo arraigo en estas tierras. Estudió en el Instituto Superior Otto Krause y luego se formó en la Escuela de Arquitectura, dependiente en aquel entonces de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA. Su primera pasión fueron las artes plásticas, lo que da explicación a por qué Bustillo se definió siempre en primer lugar como un artista. Una vez terminados los estudios se mudó al campo y en ese ambiente comenzó a hacer sus primeras experiencias diseñando cascos de estancias para personas de su entorno familiar y social, algo que luego continuaría en la ciudad de Buenos Aires. Durante estos primeros años, además, se casó con Blanca Ayerza, con quien tendría ocho hijos.
"Es en el campo donde hace sus primeros pasos, jugando con las formas y los materiales de la zona, siempre con un sentido pintoresquista y pictórico. Todas sus obras tienen un sentido artístico, contempla e interpreta el paisaje haciendo con ellos su propia escenografía", contaba su nieto Fernando Bustillo, también arquitecto, en una entrevista para el diario La Nación. "Creía que los grandes estilos eran para la ciudad, y que lo rústico era para el campo. Tenía una visión muy acotada de las cosas, era muy conservador, y coherente con eso. Era un aristócrata y el resentimiento ideológico lo hizo ver como un oligarca, pero en el fondo era un artista. Tenía un concepto político del engrandecimiento del país, como muchos hombres de su clase y de su generación. Construyó en una época de abundancia, y sus obras condicen con ese contexto social y político, por eso su obra tuvo momentos muy claros, siempre contextualizados con la realidad del país."
A mediados de la década del ’30, Bustillo comenzó a realizar obras en el interior profundo del país. En 1935 llevó adelante una serie de importantes reformas en la provincia de Misiones, principalmente en Posadas, donde le fue encargado reurbanizar gran parte del casco principal de la ciudad; plazas, parques, y edificios públicos fueron de su autoría.
Pero no solo dejó su sello en la capital; además realizó obras en el Parque Nacional Iguazú, lo que sería su primer acercamiento con este tipo de entes. Es que durante diez años, de 1934 a 1944, su hermano, Exequiel Bustillo, fue Presidente de Parques Nacionales, y fue él quien le encargó a Alejandro delinear una tipología de arquitectura que predominara en la Patagonia Alta. Así fue que dotó a la región de un estilo propio, el cual busca integrarse con el paisaje natural de la zona; con la piedra, y sobre todo la madera, los principales materiales constructivos de la zona, como protagonistas fundamentales.
Sin dudas, el ejemplo de máximo esplendor es el imponente Hotel Llao Llao, acaso el establecimiento de este tipo más emblemático de nuestro país, construido en 1938. El hotel fue construido enteramente en madera, pero tras el incendio sufrido apenas meses después de su inauguración se optó por utilizar en su reconstrucción –también confiada a Bustillo- una conjunción de madera y piedra. El casco de Bariloche, su Centro Cívico –en sociedad con Ernesto de Estrada-, su Catedral, la plaza principal, hoteles de la zona; todo porta el sello de Bustillo. No por nada la avenida que va desde la ciudad hasta Llao Llao, bordeando la mágica y sinuosa costa del Nahuel Huapi, lleva su nombre. Los hermanos Bustillo, además, diseñaron prácticamente desde cero el casco urbano de Villa La Angostura. Allí dejaron su impronta en las imponentes casas residenciales, que perfectamente se amalgaman con la geografía del lugar.
Su relación con la elite y la política otra vez rindió sus frutos y lo llevó a ejecutar obras de gran escala a nivel estatal, y entre ellas, quizás su logro arquitectónico más imponente y colosal: el Banco de la Nación Argentina. Emblema en la city porteña, desde 1940 forma parte del conjunto urbano que integran la Casa de Gobierno, el Ministerio de Economía y ex Banco Hipotecario, rodeando la Plaza de Mayo. Por las dimensiones del proyecto, Bustillo se dedicó exclusivamente a este edificio que nació bajo un encargo singular: tenía que se "un monumento pensado para ser eterno". Con 100.000 m2 y 40 metros de altura, la envolvente estructura está materializada con piedra cuarcita traída de Chapadmalal y Balcarce, mientras que el interior revestido en mármol, piedra y bronce persigue el objetivo del edificio inmortal. Su espectacularidad le valió la calificación del "King Kong neoclásico".